A 55 años del Halconazo: la herida que México aún no cierra

Ciudad de México, 10 de junio de 2026. Han transcurrido 55 años desde el Halconazo, también conocido como la Matanza del Jueves de Corpus, uno de los episodios más dolorosos de la historia contemporánea de México. Medio siglo después, la fecha sigue convocando marchas, actos de memoria y exigencias de justicia para las víctimas de la represión ocurrida el 10 de junio de 1971.

Aquella tarde, miles de estudiantes salieron a las calles de la Ciudad de México para manifestarse en apoyo al movimiento universitario de Nuevo León y para exigir mayores libertades democráticas. La movilización fue violentamente atacada por un grupo paramilitar conocido como Los Halcones, cuyos integrantes arremetieron contra los manifestantes con armas de fuego, varillas y palos.

Las imágenes de jóvenes perseguidos, golpeados y asesinados quedaron grabadas en la memoria colectiva del país. El episodio ocurrió apenas tres años después de la masacre de Tlatelolco de 1968, alimentando la percepción de que la apertura política prometida por el gobierno federal era incompatible con la respuesta que recibían los movimientos sociales.

A 55 años de distancia, el Halconazo continúa siendo un símbolo de la violencia de Estado y de las luchas por la verdad y la justicia. Organizaciones estudiantiles, colectivos de derechos humanos, sobrevivientes y familiares de las víctimas han reiterado que los hechos no deben reducirse a una efeméride, sino mantenerse como una advertencia histórica sobre los riesgos del autoritarismo y la impunidad.

Durante este 10 de junio de 2026, diversas agrupaciones realizaron actividades conmemorativas en la capital del país bajo la consigna que ha acompañado esta fecha durante décadas: “10 de junio no se olvida”. Las movilizaciones también sirvieron para vincular las demandas históricas de justicia con problemáticas contemporáneas relacionadas con los derechos humanos, la desaparición de personas y la libertad de protesta.

Más allá del paso del tiempo, el Halconazo sigue ocupando un lugar central en la memoria democrática de México. Recordarlo implica reconocer a quienes perdieron la vida, escuchar a quienes sobrevivieron y asumir que la construcción de una sociedad más libre exige mantener viva la memoria de sus episodios más oscuros.

A 55 años de aquella jornada de violencia, la exigencia permanece intacta: verdad, justicia y no repetición.